Recortes

Guardo desde hace años, muchos, más de una década, un acordeón con pastas naranjas y fuelles de papel craft. Lo compré en alguna papelería en Barcelona y cuando volví a México, viajó en una caja de Correos hasta Guadalajara. Está roto y cada que lo veo me recuerdo que lo repararé, aunque no le ha llegado el día. En su interior, hojas de revistas, folletos de museos o negocios, el oropel de algún chocolate, dibujos, tarjetas de presentación. Todo lo que me daban o recortaba y quería guardar. Un archivo, o un board de Pinterest, dirían ahora, para los días que hiciera falta algo: inspiración, lectura, materia prima.

El collage siempre ha estado conmigo, o si no siempre, por lo menos desde que forraba mis cuadernos y revolvía imágenes que recortaba de Tú o TeenVogue. Esas imágenes que sin tener sentido en su forma individual, al unirse simplemente son algo que ya existía pero no lo sabías. Diría que un collage es tanto pensamiento, como narrativa como composición. Cuando daba clases de diseño editorial, a mis alumnos les pedía una libreta en la que cada semana debían hacer uno: no era, claro, un ejercicio artístico en sí, sino una manera de entrenar el ojo a las proporciones y las jerarquías. Porque no se trata siempre de contar una historia, a veces solo quieres jugar con las formas y los colores. Sigo pensando que es una manera curiosa de armar un mundo y una muy práctica para ilustrar algo: un texto, una invitación, una imagen que acompañe.

El sábado 13 de junio tendremos una mañana de collage: nos reuniremos para recortar, pegar y charlar. Si quieres acompañarnos, haz tu registro en la tienda, acá: Día de collage.

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